El parto humano es un proceso dificultado por la peculiar forma de la pelvis (adaptada a la bipedestación) y por el tamaño de la cabeza fetal la cual tiene que ir adaptándose a los distintos diámetros pélvicos para ir encontrando el camino para descender de forma adecuada.
En el momento del parto, el cuello uterino tiene que haber dilatado unos 10 cm y las articulaciones y ligamentos pélvicos, gracias a la relaxina que se va segregando a lo largo de todo el embarazo adquieren la capacidad de hacerse más flexibles haciendo que todos los diámetros pélvicos aumenten ligeramente y aumentando aún más si la mujer de forma activa ha trabajado y preparado su cuerpo para el momento del parto.
Los tócologos Caldwell y Moloy perfeccionaron una clasificación de la pelvis que aún se utiliza y se basa en su forma y cuyo conocimiento ayuda al clínico a comprender mejor el mecanismo del trabajo del parto. Se basan en la medición de distintos diámetros.
Y así podemos distinguir 4 tipos de pelvis: Ginecoide, Androide, Antropoide y Platipeloide
Cada una tiene unas características así que dependiendo del tipo de pelvis que tenga nuestra embarazada y las medidas que hayamos conseguido midiendo los diámetros pélvicos sabremos qué estructuras musculares, ligamentosas y fasciales tendremos que trabajar para que la pelvis se adapte a la cabeza y cuerpo del bebé y sea así menos doloroso.
Desde el punto de vista osteopático, se puede plantear el siguiente tratamiento osteopático en una embarazada que se encuentre en el segundo o tercer trimestre:
Valoración de:
- Articulación sacro-ilíaca, lumbares, dorsales, cervicales y charnelas
- Ligamentos iliolumbares, sacroilíacos posteriores, sacrociáticos y sacrotuberosos(estos dos últimos los valoraremos de forma externa y de forma intravaginal)
- Puntos dolorosos en musculatura externa directamente implicada con la pelvis como diafragma, psoas, cuadrado lumbar, erectores del tronco, piramidales, glúteos, dorsal ancho, recto abdominal y oblícuo externo (estos últimos por pertenecer al sistema fascial superficial y su implicación en aumentar la diástasis si no están relajados).
- Puntos dolorosos de musculatura interna perineal como pubococcigeo, isquiococcigeo, ileococcigeo, obturador interno…
- Movilidad del cóccix de forma intravaginal a la vez que valoramos la tensión que puede presentar la musculatura profunda y superficial perineal.
Recordamos que es importante que sacro e ilíacos se muevan bien para hacer la contranutación y nutación necesarias en el momento del parto para así facilitar el avance del feto por el canal del parto.


